miércoles 15 de febrero de 2012

He vuelto...¿Para...?

Las maldiciones caen en nuestras cabezas, cuando se buscan verdades dentro de uno mismo. Por ejemplo, sincerarnos en cuanto a lo que corresponden ideales abstractos, que muchos logran siendo categóricos en su "maldad"; las culpas que arrastran logran ser livianas en su camino porque trazan su propio camino y apuñalan cuanto corazón quiera hacer tropezar sus pasos, sin piedad ni dolor. Y si el dolor se manifiesta, es utilizado como algo positivo para asfaltar los huecos que la vía vaya presentando.

Así, los personajes coloridos son admirados, mientras que los que buscan colorearse con pequeños pedazos de creyones de cera son locos e ilusos. Las descargas sociales, rígidas y miopes, son los más efectivos látigos que azotan los sueños. A esto se le suman todas las ventanas por abrir, con siluetas de mujeres, de amigos descartados y una economía en desbalance grotesco. Pero las siestas se duermen igual. El efecto morfeo es la única salvación contra el ruido cotidiano.

En fin, he vuelto a escribir en una nueva etapa, otro renacer. En donde la conciencia de la realidad es la Caja de Pandora, las vueltas del huracán político marean a mis hermanos. Los supermercados se abarrotan de piratas buscando tesoros de margarina y aceite, leche y paz... Pero las inquietudes colectivas, sin embargo, no terminan de convertirme en buen samaritano. Por el contrario, me confieso mas cómodo de disfrutar de jugar con puñales y lanzarlos a quienes estén cerca, mientras por dentro mis carcajadas sean estridentes, y por fuera las lágrimas estén a flor de piel... Y que el desorden reine.

Puede que a esta hora, el calor que emite la lata que sirve como techo a la casa de mis padres, confunda mis letras y divaguen en temas frívolos como la autobiografía o la autocompasión. Pero el subconsciente traiciona y recuerda que mis notas no salen en los diarios, rojos o blancos, izquierdas o derechas. Así las madrugadas son utilizadas para lo que son, para dormir, y pensar mientras camino insomne a buscar agua, porque la garganta de tanto gritar en silencio se hace dunas y tierra seca cuarteada. Polvo en mi voz.

Pero el calor no termina de justificar la falta de clase, ni las rabietas infantiles. Quizás justifique el humor andropausico, o las maldiciones continuas que no encarcelan mis dientes.

El calor tampoco justifica este intento de ensayo desordenado. A la vista se me topa el retrato de mi madre a sus 18 años, recordándome que ya nada es lo que era. Ella con sus dientes exactos junto a su postura impecable, ahora vencida por la rutina sacrificada y a su suerte. una suerte que ahora le escupe la cara. Es esa suerte que nadie quiere, pero que todos buscan. Una increíble búsqueda por la aceptación y palmadas en la espalda que te digan un "lo estas haciendo bien"... ¿Será que siempre hacemos bien?... Las ventanas siguen paseando en el recorrido,

Una canción lenta pero desesperada suena, a guitarra sola y resignada a partidas inevitables, de mis días y los de todos. Todos desesperados cual perros callejeros persiguiendo autos, así persiguiendo una felicidad efímera y dibujada de espejismo. Engañándonos a diario para esperanzarnos en logros escalonados, pero igual dejando atrás los escalones ya superados sin apreciarlos, ni siquiera disfrutando el paisaje que desaparece a nuestras espaldas. Mucha gente me dice que vivo demasiado en el pasado, y me molesta que tengan razón. Pero confío ciegamente en que somos los pedazos que el pasado va armando, sin la certeza de estar completos algún día... Pero, aun así, se hace difícil caminar y caminar con los andamios a cuestas, arrastrados por nuestros hombros, en la ciudad que desespera por ir a alta velocidad para conseguir lo que nunca sera de ella. Pero no bajará la velocidad.

He vuelto a las letras para reencontrarme, para releerme y burlarme, a veces, de lo que escribo. Asuntos tan inciertos para terceros, malestares de estómago y dolores de cabeza que, como todos, buscan colorearse con pequeños pedazos de creyones de cera. He vuelto a escribir por una necesidad irremediable de ser incorrecto y humano, desordenado y caos. Sincero en lo que se puede conmigo, con nadie mas. Mas viejo y mas cansado...